Son datos que se desprenden de un nuevo informe de la ONU publicado el martes. También destaca una importante brecha de financiación para infraestructura urbana resiliente.
En general, las ciudades necesitan una inversión estimada de entre 4,5 y 5,4 billones de dólares al año para construir y mantener sistemas resilientes al clima, pero el financiamiento actual asciende a solo 831.000 millones de dólares: apenas una fracción del monto requerido.
Este déficit deja a las ciudades, y especialmente a sus poblaciones más vulnerables, expuestas a riesgos crecientes.
«Prácticamente ningún residente urbano quedará ileso, con miles de millones de personas sometidas a temperaturas más altas o expuestas a riesgos de inundaciones y otras amenazas», afirmó Anacláudia Rossbach , Directora Ejecutiva de ONU-Hábitat .
Impactos en los más vulnerables
Si bien las medidas climáticas en las ciudades no están a la altura de los desafíos que afrontan, quienes corren mayor riesgo son «también aquellos que ya enfrentan desigualdades estructurales persistentes y crónicas», dijo Rossbach.
«Los asentamientos informales y los barrios marginales, normalmente situados en zonas medioambientalmente sensibles y carentes de infraestructura protectora, suelen ser los más afectados por los desastres relacionados con el clima o los fenómenos extremos», enfatizó.
Agregó que estas comunidades vulnerables no sólo están más expuestas al riesgo en primer lugar, sino que también tienen menos probabilidades de recibir apoyo una vez que ocurre un shock.
“La transformación acelerada de los barrios marginales y los asentamientos informales, así como la atención de las necesidades de los territorios más vulnerables de las ciudades, es por tanto una prioridad”, subrayó.
Disminución de los espacios verdes
Las presiones de un crecimiento mal gestionado también han provocado una pérdida constante de espacios verdes en muchas zonas urbanas: la proporción media en las zonas urbanas de todo el mundo ha caído del 19,5% en 1990 al 13,9% en 2020.
Aún más preocupante es la evidencia de intervenciones climáticas que no han logrado proteger a las comunidades más vulnerables o han empeorado su situación.
Estos casos incluyen la llamada «gentrificación verde», cuando medidas beneficiosas como la creación de parques resultan en el desplazamiento directo de hogares pobres o aumentan los valores de las propiedades, dejándolos en la práctica fuera del alcance de los pobres.
Dividendo de emisiones
Sin embargo, a pesar de las complejas barreras que enfrentan las ciudades en medio de la creciente emergencia climática, el informe también destaca la importancia de ver las áreas urbanas no solo como parte del problema, sino también como parte de la solución.
«Con inversiones audaces y una buena planificación y diseño, las ciudades ofrecen inmensas oportunidades para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, adaptarse a los efectos del cambio climático y apoyar de manera sostenible a las poblaciones urbanas», afirmó el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, en el prólogo del informe.
Señaló que cientos de ciudades están «liderando el camino al expandir espacios verdes inclusivos, reducir las emisiones mediante una planificación y construcción inteligentes e invertir en energía renovable para alimentar servicios cívicos como las redes de transporte».
El informe pide un enfoque urbano más preciso para avanzar en compromisos nacionales ambiciosos, destacando la importancia de alinear la acción climática con objetivos de desarrollo más amplios, como la mejora de los servicios, la modernización de los asentamientos, la reducción de la pobreza y la salud pública.
