América Latina y el Caribe enfrentan un alarmante desequilibrio en la asignación de recursos para la reducción del riesgo de desastres (RRD).
Según el Informe de Evaluación Regional sobre el Riesgo de Desastres (RAR24), elaborado por la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) – oficina regional para las Américas y el Caribe, solo el 6% del presupuesto público clasificado como RRD en los casos analizados se destina a la prevención de riesgos futuros, mientras que el 16% se dedica a mitigar riesgos existentes. La mayor parte de los fondos se concentra en la respuesta y reconstrucción tras los desastres.
Este enfoque reactivo genera un impacto económico significativo, con pérdidas anuales esperadas por desastres que ascienden a los $58 mil millones en la región.
Estas cifras reflejan la creciente influencia del cambio climático, ya que el 83% de los desastres tienen origen climático. Esto es exacerbado, además, por la urbanización no planificada, principalmente por la alta concentración de poblaciones, ya que el 81% de las personas de la región vive en áreas urbanas, muchas de ellas altamente expuestas a amenazas como inundaciones, huracanes y terremotos, lo que subraya la urgencia de invertir en prevención y no en reacción.
En este informe, Brasil, Guatemala y México se presentan como casos de estudio que destacan por haber implementado clasificadores presupuestarios específicos, lo que les permite analizar y medir la distribución de recursos para la reducción del riesgo de desastres.
Aunque los datos revelan que la mayor parte de los recursos sigue destinándose a la respuesta y reconstrucción, estas herramientas son un avance clave que permite identificar áreas de mejora.
• En Brasil, el 0.06% del presupuesto nacional se destinó a la RRD, de los cuales más del 70% se enfocaron en la respuesta y reconstrucción.
•En Guatemala, el 2.32% del presupuesto nacional fue asignado a la RRD entre 2014 y 2023, y más del 98% de ese monto se utilizó para respuesta y reconstrucción.
• En México, el 0.29% del presupuesto nacional se destinó a la RRD, con un 99% dirigido a la respuesta y reconstrucción.
Estos registros son fundamentales para redirigir esfuerzos hacia la prevención y demostrar el potencial de una gestión más equilibrada.
El informe también destaca oportunidades perdidas debido a un desequilibrio en la forma de abordar los riesgos.
Los sistemas de alerta temprana, que pueden reducir el impacto económico de un desastre en un 30%, y las soluciones basadas en la naturaleza, que son hasta un 50% más rentables que las intervenciones tradicionales, están subutilizados debido a la falta de inversión en gestión prospectiva.
Este término se refiere a las acciones destinadas a prevenir la generación de nuevos riesgos, en contraste con la gestión reactiva, que se enfoca en responder y reconstruir tras un desastre.
Además, solo el 5% de las pérdidas por desastres en países en desarrollo están cubiertas por seguros, en comparación con el 40% en países desarrollados.
Esto subraya la necesidad de desarrollar esquemas de seguros accesibles y sostenibles, así como de fomentar la colaboración entre gobiernos y el sector privado para anticiparse a los riesgos en lugar de reaccionar ante sus consecuencias.
“La región de América Latina y el Caribe enfrenta un desequilibrio crítico en el financiamiento para la reducción del riesgo de desastres, con la mayoría de los recursos destinados a la respuesta y reconstrucción en lugar de la prevención”, aseguró Nahuel Arenas, jefe de UNDRR – oficina regional para las Américas y el Caribe. “Invertir en gestión prospectiva no solo es una estrategia más rentable, sino una necesidad urgente para proteger comunidades, economías y asegurar un futuro resiliente”, añadió.
El RAR24 propone una hoja de ruta para transformar este desequilibrio, destacando la importancia de integrar la reducción del riesgo de desastres como un pilar fundamental del desarrollo sostenible. Entre las principales recomendaciones están priorizar la inversión en gestión prospectiva, fortalecer la gobernanza intersectorial, adoptar soluciones basadas en la naturaleza y fomentar sistemas de alerta temprana.
Incorporar la RRD en las políticas de desarrollo no solo garantizará un crecimiento más equitativo y resiliente, sino que también salvará vidas y reducirá significativamente los costos asociados con los desastres.
De acuerdo con el informe, cada dólar destinado a la RRD puede generar ahorros de hasta 4 dólares en pérdidas futuras, lo que refuerza su rol estratégico en la sostenibilidad a largo plazo.
Para superar los retos que plantea el desequilibrio en las inversiones, se requiere un compromiso colectivo y decidido. La reducción del riesgo de desastres no debe ser vista como un gasto, sino como una inversión fundamental para garantizar el bienestar de las generaciones presentes y futuras.
El RAR24 no solo expone las debilidades actuales, sino también las enormes posibilidades de construir un futuro más seguro, equitativo y resiliente para todos.
Informe de Evaluación Regional sobre el Riesgo de Desastres en América Latina y el Caribe (RAR24)
