El biólogo y profesor asistente en la Universidad de Georgetown, Colin Carlson publicó una columna en la revista Nature Medicine en la que advierte que estas 4 millones de vidas perdidas debido al cambio climático, es en realidad una cifra asombrosamente alta, pero subestimada.
Carlson afirmó que los números no incluyen las muertes relacionadas con enfermedades cuyos aumentos están estrechamente vinculados al clima, como la malaria transmitidas por mosquitos, como el dengue y el virus del Nilo Occidental. Tampoco incorporan las muertes causadas por bacterias mortales, esporas de hongos, garrapatas y otras enfermedades o portadores de enfermedades que cambian en alcance y amplitud a medida que el planeta se calienta.
La impactante cifra de 4 millones de víctimas fatales no contempla los impactos de los incendios forestales y el humo de los incendios forestales en la longevidad. En tanto, tampoco analiza las consecuencias para la salud mental del calor extremo y el clima extremo y el aumento relacionado de suicidios que se han documentado en los últimos años.
Las estimaciones de Carlson, que dirige un instituto centrado en predecir y prevenir pandemias, se basan en previsiones anteriores del epidemiólogo australiano Anthony McMichael, quién a principios de este siglo fue uno de los primeros en investigar cuántas personas morían debido al cambio climático.
El epidemiólogo McMichael desarrolló en 2003 un método para estimar la mortalidad por ciertos factores de riesgo climático.
Entre ellas se incluyen inundaciones, desnutrición, diarrea, malaria y enfermedades cardiovasculares.
Teniendo en cuenta que la pandemia de COVID-19 se cobró oficialmente 7 millones de vidas, las estimaciones de víctimas fatales por el cambio climático y sus enfermedades asociadas ha superado el número combinado de muertes de todas las emergencias de salud pública de importancia internacional reconocidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), según Carlson.
