La misma da inicio el 15 de mayo en el Pacífico y el 1 de junio en el Atlántico, terminando el 30 de noviembre.
Podría experimentar alteraciones por la posible formación de un evento de El Niño de gran intensidad, de acuerdo con los pronósticos actualizados de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y el International Research Institute for Climate and Society (IRI), centro de investigación climática con base en Estados Unidos. La transición entre La Niña y El Niño, prevista para los próximos meses, podría modificar la cantidad e intensidad de tormentas que impactan las costas de América, el Caribe y otras regiones del Atlántico entre junio y noviembre de 2026 disminuyendo su intensidad.
El fenómeno de El Niño, asociado al calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial, altera los patrones atmosféricos globales y suele disminuir la actividad de huracanes en el Atlántico. Según el registro de la NOAA, durante 2023, las temperaturas récord del océano Atlántico contrarrestaron parcialmente el efecto inhibidor de El Niño, lo que derivó en una temporada de huracanes más activa de lo esperado, pese a las condiciones poco favorables para el desarrollo ciclónico.
Además de reducir el número de huracanes, El Niño también puede modificar la zona donde se forman las tormentas, lo que a veces favorece la actividad en aguas más alejadas de la costa estadounidense. En el Pacífico oriental, El Niño puede tener el efecto contrario y aumentar la actividad de huracanes.
Antecedentes de la temporada de huracanes en el Pacífico
Históricamente, una temporada de huracanes promedio en el Pacífico oriental presenta 15 tormentas con nombre, 8 huracanes y 4 huracanes mayores, es decir, de categoría 3, 4 o 5 en la escala de vientos de huracanes de Saffir-Simpson.
La primera tormenta con nombre suele formarse entre principios y mediados de junio. El primer huracán tiende a formarse a finales de junio y el primer huracán mayor se forma a mediados de julio.
Antecedentes de la temporada de Huracanes en el Atlántico
Según los datos históricos, una temporada de huracanes promedio en el Atlántico tiene 14 tormentas con nombre, 7 huracanes y 3 huracanes importantes.
La primera tormenta con nombre suele formarse entre mediados y finales de junio, mientras que el primer huracán tiende a formarse entre principios y mediados de agosto. El primer huracán mayor se forma a finales de agosto o principios de septiembre.
Estas son las categorías en las que se clasifican los huracanes
Un huracán es un ciclón tropical, que se define como un “sistema organizado y giratorio de nubes y tormentas eléctricas que se origina sobre aguas tropicales o subtropicales y presenta una circulación cerrada de bajo nivel”, según la NOAA.
Los ciclones tropicales se clasifican de la siguiente manera:
Depresión tropical: Un ciclón tropical con vientos máximos sostenidos de 38 mph o menos.
Tormenta tropical: Un ciclón tropical con vientos máximos sostenidos de 39 a 73 mph.
Huracán: Ciclón tropical con vientos máximos sostenidos de 74 mph o más.
Huracán de gran intensidad: Un ciclón tropical con vientos máximos sostenidos de 111 mph o superiores.
Las categorías de los huracanes se clasifican del 1 al 5:
Categoría 1: 74-95 mph
Categoría 2: 96-110 mph
Categoría 3: 111-129 mph
Categoría 4: 130-156 mph
Categoría 5: 157 mph o más
¿Qué factores adicionales influyen en la formación de huracanes?
La intensidad de la temporada de huracanes no depende exclusivamente de la presencia de El Niño o La Niña. El compendio técnico de la NOAA indica que otros factores como la temperatura superficial del mar, la humedad atmosférica, la distribución de sistemas de alta presión y la presencia de polvo del Sahara afectan la evolución de las tormentas.
Entre los factores identificados por los expertos figuran:
Temperatura superficial del Atlántico: valores por encima del promedio pueden favorecer la intensificación de ciclones.
Humedad en niveles bajos y medios de la atmósfera: mayor humedad se asocia a un ambiente que facilita el desarrollo de tormentas.
Presencia de polvo del Sahara: puede limitar la formación de ciclones al secar el aire y bloquear la radiación solar.
Patrones de circulación atmosférica: como el anticiclón de las Azores, que puede desviar o debilitar sistemas tropicales.
La NOAA subraya que el monitoreo integral de estos factores permite ajustar los pronósticos y mejorar la preparación de las comunidades costeras.
