Según datos del Servicio Geológico de Brasil el nivel del agua en varios tramos del río Amazonas descendió el mes pasado a su nivel más bajo jamás registrado.
El notable descenso del nivel del agua ha dejado a las embarcaciones con dificultades para transportar a los niños a la escuela, llevar a los enfermos a los hospitales o suministrar medicinas y agua potable a aldeas lejanas.
Ante una situación, Brasil planea empezar a dragar tramos del río con el objetivo de garantizar que, incluso en tiempos de sequía, las personas y las mercancías puedan seguir circulando por la selva.
Según se indicó, se excavará el lecho del río de forma continua durante los próximos cinco años para hacer frente a la posibilidad de que se produzcan condiciones de sequía crónica.
En la práctica, se trata de recoger sedimentos de cuatro tramos estratégicos del Amazonas que se están volviendo demasiado superficiales y depositarlos en otras zonas donde el agua es más profunda.
El Director del Departamento Nacional de Infraestructuras de Transporte Fabricio de Oliveira Galvão dijo que el proceso entraña pocos riesgos para el medio ambiente, aunque las autoridades vigilarán la calidad del agua y los efectos sobre los peces.
“En algunos lugares, prácticamente podemos ver la vegetación en la superficie del río”, el agua está tan baja que las plantas del lecho quedan expuestas, aseguró el funcionario.
A pesar de esta situación, algunos científicos no están de acuerdo y advierten que el dragado del Amazonas y sus afluentes podría dejar huellas duraderas en los sistemas acuáticos, perturbando y potencialmente dañando plantas y animales.
“Los sedimentos son un conjunto de depósitos acumulados a lo largo del tiempo”, dijo Adalberto Luis Val, biólogo del Instituto Brasileño de Investigación de la Amazonia, en Manaos.
