Un informe del Anticipation Hub advierte que el plazo para activar fondos de emergencia se agota en semanas. La combinación del fenómeno climático y el conflicto en el Estrecho de Ormuz podría empujar a 2.2 millones de personas al hambre aguda.
La ventana de oportunidad para proteger a América Latina y el Caribe de los efectos devastadores del próximo fenómeno de El Niño se está cerrando rápidamente. Según una nota informativa publicada por el Anticipation Hub, los principales organismos científicos del mundo ya dan por hecho el regreso del evento climático para mediados de 2026, lo que exige una respuesta política y financiera inmediata para evitar una catástrofe humanitaria.
Las últimas previsiones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), el Instituto Internacional de Investigación para el Clima y la Sociedad (IRI/Columbia) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) coinciden en el diagnóstico: existe entre un 82% y un 96% de probabilidad de que El Niño se consolide entre mediados de 2026 y principios de 2027, con una intensidad proyectada de moderada a fuerte.
Un mapa de riesgos sobre un escenario crítico
El reporte mapea con precisión los impactos subregionales que sufrirá el continente, identificando como zonas de mayor vulnerabilidad al Corredor Seco Centroamericano, la costa de Ecuador, el norte de Perú, Colombia, Venezuela y el altiplano andino.
Sin embargo, los expertos advierten que esta vez el impacto climático no llegará solo. La región enfrenta un riesgo compuesto crítico debido a factores geopolíticos: el conflicto en el Estrecho de Ormuz ha interrumpido un tercio del comercio marítimo mundial de fertilizantes desde febrero de 2026. La escasez y el encarecimiento de estos insumos agrícolas, combinados con las sequías e inundaciones que traerá El Niño, amenazan con empujar a 2.2 millones de personas adicionales a la hambruna aguda en toda la región.
La carrera contra el reloj financiero
«El principal obstáculo actual es la financiación oportuna y la voluntad política, no la capacidad técnica», señala el informe. Actualmente, 22 países de la región ya tienen documentados marcos de acción preventiva en desarrollo o activados, respaldados por 37.8 millones de dólares en financiación preestablecida. El modelo funciona: las activaciones interinstitucionales realizadas en marzo de 2026 en Guatemala, Honduras y El Salvador movilizaron 10.5 millones de dólares del Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia (CERF), logrando proteger a 145,000 personas de forma anticipada.
El problema radica en que los fondos actuales son insuficientes ante la magnitud del evento que se avecina y el calendario no da tregua:
- Centroamérica: La financiación para proteger la temporada agrícola de «Primera» debe comprometerse de manera urgente antes de que termine el presente mes de junio de 2026.
- Ecuador y Perú: Los preparativos logísticos y de infraestructura deben comenzar a más tardar en septiembre.
- Sudamérica: Aunque los marcos técnicos de respuesta están listos, la financiación disponible sigue estando muy por debajo de lo necesario.
Prevenir es más barato que responder
El Anticipation Hub hace un llamamiento urgente a los gobiernos y donantes internacionales para que inviertan ahora, antes de que los impactos se materialicen por completo.
La eficiencia de actuar a tiempo está respaldada por la ciencia. Datos extraídos de 16 estudios de impacto del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en 12 países confirman que la acción anticipatoria mejora notablemente el consumo de alimentos y reduce en un 28% las estrategias de afrontamiento negativas (como la venta de patrimonio o la reducción de porciones de comida) en las comunidades afectadas.
La evidencia está sobre la mesa; la capacidad técnica, disponible. Ahora, la supervivencia de millones de personas en la región depende de la velocidad con la que los líderes políticos liberen los recursos económicos.
